Durante décadas, las empresas de servicios públicos han confiado en métodos probados para mantener las luces encendidas: imágenes térmicas, ultrasonidos, análisis de gases disueltos y programas de mantenimiento periódicos. Pero ahora el sector se enfrenta a un ajuste de cuentas. El envejecimiento de las infraestructuras, la reducción de la mano de obra y las crecientes exigencias de sostenibilidad y resistencia han sumido a la red eléctrica en lo que sólo puede describirse como una crisis de mediana edad.
Los retos van en aumento:
- Sólo en Norteamérica, más de 12.000 trabajadores cualificados abandonan cada día la plantilla de las empresas de servicios públicos.
- La cantera de ingenieros formados para sustituirlos se está agotando.
- La presión para reducir las emisiones de carbono y aplicar prácticas sostenibles es más fuerte que nunca, lo que obliga a las empresas de servicios públicos a replantearse cómo supervisan, mantienen y optimizan sus sistemas.
Entonces, ¿cuál es la solución?
Repensar el mantenimiento: De los gastos generales a la ventaja estratégica
Tradicionalmente, el mantenimiento se ha considerado un centro de costes, un gasto general que las organizaciones intentan minimizar. Pero esta mentalidad está desfasada. En lugar de enmarcar el mantenimiento como un mal necesario, las empresas de servicios públicos tienen que cambiar la conversación hacia la resistencia, la fiabilidad y la sostenibilidad.
La solución no es hacer más mantenimiento, sino un mantenimiento más inteligente. Eso significa alejarse de los programas rígidos basados en el tiempo y adoptar supervisión basada en el estado (CBM). En lugar de apagar los equipos según un calendario arbitrario de seis meses o cinco años, las empresas de servicios públicos deben utilizar datos en tiempo real para determinar cuándo es realmente necesario el mantenimiento.
El tsunami plateado y el déficit de cualificaciones
Uno de los mayores obstáculos para modernizar la red es la pérdida de trabajadores experimentados. El llamado Silver Tsunami -lajubilación masiva de trabajadores cualificados de las empresas de servicios públicos- ha dejado a las empresas luchando por cubrir puestos críticos. Pero aquí está el problema: no formamos a suficientes ingenieros para sustituirlos.
Con menos expertos a mano, las empresas de servicios públicos tienen que hacer que las inspecciones y la recogida de datos sean más fáciles y accesibles. Aquí es donde entran en juego los “operadores ciudadanos”, trabajadores poco cualificados que, con las herramientas y la formación adecuadas, pueden encargarse de las tareas rutinarias de supervisión. En lugar de pedir a un ingeniero que abra un armario energizado para realizar un escaneado por infrarrojos, las empresas de servicios públicos pueden equipar a los trabajadores de campo con indicadores termocrómicos que avisan de forma sencilla, cambiando de color, cuando se produce un sobrecalentamiento. Los datos pueden transmitirse a los ingenieros, que pueden centrarse en resolver problemas en lugar de recoger lecturas básicas.
Por qué suele fallar el IoT en los servicios públicos (y cómo solucionarlo)
El auge del IoT (Internet de las Cosas) y el IIoT (IoT Industrial) debería, en teoría, ayudar a resolver estos problemas automatizando la recogida de datos. Pero he aquí la realidad: el 87-92% de los programas de IoT no consiguen los resultados esperados. El problema no es la tecnología, sino la forma en que se aplica.
Con demasiada frecuencia, las iniciativas de IoT se lanzan de arriba abajo, con escasa aportación de las personas que realmente utilizan los datos. Los ingenieros sobre el terreno no confían en las cifras, la comunicación se interrumpe y, en última instancia, la tecnología se abandona. El éxito de los programas de IoT requiere un cambio cultural, en el que las empresas de servicios públicos den prioridad a la confianza en los datos, la comunicación clara y la facilidad de uso.
Mantenimiento de Precisión: El dilema Netflix vs. Blockbuster
El futuro del mantenimiento de redes es mantenimiento de precisión-arreglar sólo lo que hay que arreglar, cuando hay que arreglarlo. Esto ayuda a:
- Reducir las paradas innecesarias
- Evitar que se introduzcan nuevos defectos durante el mantenimiento rutinario
- Hacer que todo el sistema sea más eficaz.
Para decirlo sin rodeos: ¿Quieres ser Netflix o Blockbuster?
Blockbuster se aferró al viejo modelo: horarios rígidos, métodos anticuados e incapacidad para adaptarse. Netflix, en cambio, reinventó la forma en que consumimos medios de comunicación. El sector de los servicios públicos se encuentra en la misma encrucijada. Las que adopten la supervisión basada en el estado, el mantenimiento de precisión y las estrategias de mano de obra más inteligente prosperarán. Los que no lo hagan, lucharán por mantenerse al día.
El camino por recorrer: Preparar la red para el futuro
Si las empresas de servicios públicos quieren preparar la red para el futuro, tienen que dejar de pensar en el mantenimiento como un coste general y empezar a pensar en la fiabilidad, la resistencia y la sostenibilidad. La monitorización basada en el estado, una mejor utilización de la mano de obra y la confianza en las nuevas tecnologías determinarán qué empresas marcan el camino y cuáles se quedan atrás.
Puede que la red eléctrica esté en plena crisis, pero ¿la buena noticia? Con el enfoque adecuado, la mediana edad puede ser sólo el principio de algo mejor.
